Emociones y niños altamente sensibles

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Gestión de la explosión emocional en niños con alta sensibilidad

Hace poco hablábamos sobre lo efectivo que es poder poner palabras a lo que sentimos, aprender a verbalizar nuestras emociones. Se trata de conocer cuál es la forma adecuada en que puedo expresarme a nivel emocional, sin herir a los demás, de forma asertiva (buena para mí y adecuada para los demás).

Esto es especialmente útil con los niños altamente sensibles, que muchas veces no saben lo que sienten dentro de un torbellino emocional que les está volviendo locos.

¿Terapia para niños altamente sensibles?

Muchos de nosotros cuando descubrimos que nuestros hijos pueden ser altamente sensibles lo primero que hacemos es buscar el “tratamiento/terapia/solución” para ello, dando por hecho que se trata de un problema o “algo que solucionar”. Hay infinitas búsquedas en San Google de “Niños altamente sensibles tratamiento”, “niños PAS solución”, “terapia para niños altamente sensibles”…

Lo siento, no hay una terapia que se aplique a estos niños porque NO NECESITAN TERAPIA. La alta sensibilidad no es un trastorno y no tiene por qué ser una dificultad si aprendemos a vivir con ella y a respetarnos a nosotros mismos (cuidar nuestros tiempos, prevenir el estrés, etc). Es verdad que hay terapeutas especializados en alta sensibilidad (el tema de la formación está en camino!) y que nos pueden ayudar a entendernos más a nosotros mismos, a entender más a nuestros hijos, a saber qué hacer o cómo gestionarlo pero NUNCA “curar” o “solucionar”.

Insisto, no hay nada que curar ni solucionar.

Empatía y gestión de la explosión emocional

Otra de las cualidades que nos puede ayudar como padres con niños (sean PAS o no) es el desarrollo de nuestra empatía: saber qué y cómo se sienten nuestros hijos nos ayudará en su proceso de educación.

Muchas veces nos enfadamos porque no somos capaces de entender qué le está pasando, por qué se pone así o “monta un escándalo o un drama” por “algo tan insignificante”. Si, en ese momento, somos capaces de ponernos en su lugar descubriremos lo siguiente:

  1. No lo hace para molestarnos: escucho a menudo eso de “lo hace aposta para fastidiar”. Lo siento, pero no. Los niños no tienen esa habilidad de fastidiar que sí tenemos los adultos. Si protesta, es que algo está pasando (aunque quizá no puede ponerle palabras y tú no eres capaz de entenderlo).
  2. ¿Qué está sintiendo exactamente? si puedo entender si está triste, enfadado, frustrado, disgustado, podré ayudarle mejor en este momento.
  3. Toda rabieta es una oportunidad para enseñarle a gestionar sus propias emociones.
  4. Pregúntale: ¿en qué te puedo ayudar? ¿hay algo que pueda hacerte sentir mejor? que sea él quien busque, con tu ayuda, alternativas. Seguramente si lo que quiere es un juguete en el supermercado te diga: “quiero eso”. Nuestra respuesta puede ser igual de amorosa como firme con nuestra decisión “entiendo que estés enfadado pero eso ahora no puede ser, ¿alguna otra cosa puede ayudarte?”. En este momento puedes esperar otra explosión emocional. Después de eso, podemos dar ideas: “¿puede ayudar un abrazo?, ¿un poco de agua?, ¿jugamos a algo?”. Darle alternativas también le ayuda a él a ver qué puede calmarle y son ideas para la siguiente ocasión.
  5. Paciencia: inevitablemente, entendamos o no lo que siente y nos pongamos o no en su lugar habrá momentos de sentirnos desquiciados con sus reacciones. También es un buen momento para analizar nuestra propia gestión emocional: ¿por qué me estoy sintiendo así? Quizá es porque toda la tienda me está mirando y me estoy sintiendo juzgado (ojo al me estoy sintiendo, no tiene por qué ser así… o sí…). Quizá estoy sintiendo que debería ser capaz de hacer que se calmara y no puedo, y eso me hace enfadar. Quizá sólo quiero que se calle para estar tranquilo… ¿qué puedo hacer yo con esta emoción que sea lo más positivo para mí y para él?

¡Qué tengáis un día muy muy muy feliz!

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