Sobre morirse y esas cosas

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Ayer conseguimos ver, en tres episodios, la película Truman. Estoy enamorada de Darín así que todo lo que hace me parece brillante y, aunque la peli no me entusiasmó, la idea me dejó pensativa.

Si no habéis visto la película y tenéis intención de verla, repensad lo de seguir leyendo esto. No desvelo gran cosa, pero sí el núcleo del argumento.

La peli da que pensar, sobre la muerte y cómo solemos enfrentarnos a ella. En mi caso, siempre he tenido una relación un poco especial con el tema de la muerte. Durante muchos años me daba un poco igual pero durante los años más críticos y hasta hace unos años, he evitado el tema allá donde iba. ¿Se hablaba sobre muertos? Huía. ¿Sobre enfermedad? Hacerme la sueca. ¿Pensamientos sobre alguien que va a morir? Quita, quita. Y así me he pasado un montón de años, temiendo a la muerte con un pánico que no puedo ni describir. Asustada. Muy temerosa y poco realista.

Sin embargo, podría decir que a medida que he empezado a apreciar la vida al 100%, he empezado también a valorar la muerte.

¡Qué irónico!

Cuando empiezas a disfrutar de verdad del camino es cuando menos miedo sientes de afrontarlo de principio a fin.

Este “click” no vino de forma natural, fue fruto de un gran trabajo personal que me ha permitido ver la vida (y la muerte) desde una perspectiva distinta.

Ahora puedo mirar a la muerte bastante de frente, sin pánico, y eso me ha dado una tranquilidad brutal, porque lo único que está claro es que (igual que nacimos), todos nos vamos a morir. Y quizá lo que da miedo no es la muerte en sí, sino el después, la incertidumbre del no saber qué pasará, pero si no hay nada, se acabará y punto. Si lo hay, seguro que será mejor. Si no es mejor, ya lo afrontaremos cuando llegue el momento. Eso no es aquí y ahora. ¿Vale la pena vivir preocupados? No quiero decir que me guste la idea, pero ahora puedo asumirlo, puedo aceptarlo.

En la peli uno de los protagonistas sabe que se va a morir en breve, víctima de un cáncer del cual no se quiere tratar más y se ve obligado a decidir cómo quiere que le entierren, el tipo de urna, y qué hará con lo más preciado que tiene, Truman, su perro.

La reflexión para mí fue: ¿Qué haría yo si me fuera a morir en breve? Si supiera que me queda un mes o dos, o algo más pero no muchos más. ¿Me enfrentaría a la idea con valor o enfadada con el mundo?, ¿querría hacer aquellas cosas que nunca hice o no hacer nada más en absoluto? Después pensé que, en sí mismo, es ridículo. Porque que voy a morir, está más que claro. El tema es que no sabemos cuándo aunque siempre pensamos que será dentro de un millón de años: “el problema es que pensamos que tenemos tiempo” (Buddha).

No quiero morirme ya, aunque tampoco sé si me queda una hora o una medio eternidad. Y lo que voy a escribir ahora quizá sonará “raro, raro” pero lo que sí sé es que si tuviera que morirme ahora, me iría feliz, inmensamente feliz por todo lo vivido y compartido, por lo aprendido, por tanto. Así que eso, en esencia, es para mi lo único importante en este momento.

¿Cómo vives tú “esto de morirse”?

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