Eres mucho más que eso

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Nuestra vida en números

Llevo un tiempo pensando en cómo nos identificamos con ciertos números en nuestras vidas y nos creemos que realmente somos eso, sin ser capaces de mirar más allá. Algunos de los más típicos podrían ser:

– El peso: cuántos años me habré pasado haciendo depender mi estado de ánimo de mi peso. Como si yo fuera el número que indica la báscula o eso fuera lo único que importara. Cuando uno trata de analizarlo desde la razón es difícil de entender, como algunos trastornos como la anorexia o la bulimia, pero es realmente complicado cuando esa emoción te atrapa y sólo eres feliz si te ves delgada (sin llegar a verte nunca delgada).

– La talla: muy relacionado con el anterior. Recuerdo en la adolescencia eso de tener que llevar “una 36” porque cualquier otra te colocaba, de inmediato, en una posición delicada. ¿Triste? muchísimo. Pero muy real. Actualmente también nos etiquetan de forma que si tienes más de una 40 puedes ser “curvi” (en el mejor de los casos) y/o comprar en tiendas de tallas grandes como Violeta (Mango). ¿En serio?

– La edad: cuánta gente tiene pequeños traumas cada vez que cumplen años o les preguntan por su edad, como si eso les determinara de alguna forma. ¡Pero si cumplir años es tan buena señal como que seguimos vivos! Otro mensaje erróneo.

– Tus notas: hace poco compartía la charla de una chica que reivindicaba precisamente esto. Somos mucho más que el número que aparece en nuestro boletín de notas. Como si todos esos números estuvieran definiendo algo más que lo que sacaste en un examen determinado, un día determinado, que seguramente necesitaste aprender de memoria. El problema real de esto no son las notas numéricas, sino que estas no reflejan con claridad lo que uno sabe sobre un tema determinado (véase unas oposiciones, por ejemplo, donde el factor suerte es uno de los más determinantes).

Lo que aprendemos…

Todo eso da igual, porque aprendemos que tenemos que ser: jóvenes, guapos y delgados. Si podemos ser inteligentes (y eso debe notarse en nuestras notas), mucho mejor. Si no, tampoco pasa nada, las tres anteriores son mucho más relevantes. Así seremos importantes. Felices… no lo sé… pero importantes seguro.

Pero no enseñamos, ni se nos enseñó, a ser gente saludable para poder tener una vida cómoda y feliz. Tampoco sabemos bien qué comer realmente que sea bueno para nuestros cuerpos. Y mucho menos a ser sanos a nivel emocional, resolver conflictos y querernos a nosotros mismos.

Juicios y etiquetas

Me hace sentir como si nos metiéramos en cajoncitos según los cuales nos vamos etiquetando a nosotros mismos y a los demás. Si hacemos depender nuestro estado de ánimo o nuestra felicidad de esas etiquetas, nunca seremos felices realmente. Quizá creerás que cuando consigas pesar lo que deseas lo serás, pero no es cierto, porque vivirás angustiada por el miedo de volver al peso anterior. Siempre hay angustia cuando hay etiquetas.

Si yo me identifico únicamente con mi rol de madre, cuando mis hijos dejen de depender de mi corro el riesgo de caer en una depresión (nido vacío). Si lo hago con mi rol de trabajador, no podré disfrutar como corresponde de mis vacaciones porque sentiré que no estoy donde debo estar. Si sólo soy… así siempre.

Pero no sólo eres tu peso, ni tu edad, ni tu talla. Tampoco eres sólo lo que haces, ni en lo que te equivocas, ni las notas que sacaste en selectividad. No sólo aquello que dijiste, si te sacaste una carrera o el número de hijos que tuviste. Eres más. Todo ello sólo habla de una parte de ti y aporta algo de información. Pero eres más y debes saberlo. Mucho más que todo eso y si eres consciente de ello, serás mucho más feliz en tu vida.

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